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ARTE EN CENTROAMÈRICA: 1980-2003.

Raul Canessa / / 1

ÙLTIMAS TENDENCIAS ARTÌSTICAS

Centroamérica está conformada por siete naciones, que presentan una serie de características comunes en los niveles histórico, político y social. Situado entre dos océanos: el Atlántico y el Pacífico; y en su costado oriental con el mar Caribe y las distintas islas que forman parte de su entorno geográfico y cultural.

Hasta hace poco se definía la región centroamericana como mestiza, católica e hispanohablante, sin considerar al Caribe, multiétnico, pluricultural y multilingüe, donde el español compite con el inglés, además de otros idiomas como el mayangna o el kekchi. Donde la población mestiza lo hace con los garífunas, los creoles y los miskitos y la religión católica con la protestante y la morava. Todo este mosaico étnico, lingüístico y cultural había quedado excluido por el discurso eurocentrista, y contribuía a ensanchar la brecha, Atlántico-Pacífico, que históricamente ha dividido las regiones del istmo.

Tienen en común la herencia de un rico pasado precolombino del que dan testimonio los monumentos mayas de Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice; los petroglifos y la estatuaria de Nicaragua; el oro y el jade de Costa Rica, así como la abundante cerámica que define a las distintas regiones del istmo.

También unifica a estos países el legado colonial, producto de una cultura mestiza; que da como resultado un arte igualmente mestizo, conocido como Barroco de Indias (siglos XVII y XVIII). Este nuevo barroco se evidencia en el arte de Guatemala, especialmente en Antigua, su primera capital. La imaginería y la arquitectura barroca también se observa en el resto de países como Nicaragua, Honduras, El Salvador y Costa Rica. 

Dependieron de la Capitanía General de Guatemala, a excepción de Panamá que formó parte del Virreinato de Nueva Granada, actual Colombia. Al independizarse en 1821, formaron la Confederación de Estados Centroamericanos, pero Panamá quedó adscrita a Colombia, de quien se independizó en 1903; su incorporación al resto de naciones centroamericanas ha sido tardía. 

Belice ha sido un territorio “en litigio”, reclamado indistintamente por México, Honduras, Guatemala y el Reino Unido. No fue colonizada por los españoles, quienes, en 1763, le conceden a los ingleses el derecho a explotar ciertos recursos del territorio. El idioma oficial es el inglés (aunque la mayoría de la población habla español) y dependió del gobierno británico hasta 1981, año de su independencia.
Tras la pesada carga del pasado colonial, en las dos primeras décadas del siglo XX, se inicia un lento proceso de modernización en medio de los conflictos bélicos, la creciente militarización y casi un siglo de continuos regímenes dictatoriales. 

Desde 1898 hasta 1989, la región ha padecido constantes dictaduras: Manuel Estrada Cabrera (1898-1920) y Jorge Ubico (1931-1944) en Guatemala; Tiburcio Carías (1932-1949) en Honduras; Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944) en El Salvador; la “dinastía” de los Somoza en Nicaragua (1937-1979), sin faltar los gobiernos militares de Omar Torrijos y Manuel Antonio Noriega (1968-1989) en Panamá.
Las consecuencias de las sucesivas dictaduras, la han convertido en una región económicamente vulnerable, desindustrializada y altamente dependiente de los Estados Unidos.

En algunos países como en Nicaragua y Guatemala, el arte producido dentro de ese contexto histórico, ha reflejado la situación de violencia y ha incidido en la formación de grupos artísticos; que repudiaron una realidad que nada tenía que ver con la historia oficial. Tal es el caso del Grupo Praxis, en Nicaragua (1963-1973); el Grupo Vértebra, en Guatemala (1969-1971) y el Taller de la Merced, en Honduras (1974).
Las dictaduras, las intervenciones, los conflictos bélicos y los constantes desastres naturales, han repercutido en el plano cultural. La ausencia de instituciones culturales y de una política cultural coherente han aumentado su desconocimiento y aislamiento. Su presencia artística y cultural en el ámbito continental e internacional es relativamente reciente y es a partir de la segunda mitad de los años noventa, dentro del marco de la globalización, que se ha logrado una relativa inserción.

Sus valores culturales, hasta hace poco tiempo, estuvieron fundamentados en el mito identitario como “tierra de poetas”, especialmente a Nicaragua, basándose en la trascendencia que en el nivel internacional tuvo la obra de Rubén Darío (1867-1916), a partir del año 1888 con la publicación de “Azul”. Se acrecentó con el Premio Nobel de Literatura otorgado, en 1967, al guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) por su obra “El Señor Presidente”.

Si la literatura sitúa a Centroamérica dentro del panorama internacional, con las artes visuales no ocurre lo mismo y su inserción es mucho más lenta y tardía, especialmente si la comparamos con países como México, Argentina y Brasil.

En América Central comenzarán a manifestarse los primeros signos renovadores hasta la década de 1940, con la excepción de Carlos Mérida, en Guatemala. Desde el comienzo del siglo, el estilo dominante fue el realismo. Este lenguaje innovador fue propiciado, en gran parte, por el regreso de varios artistas (pintores y escultores) quienes fueron a estudiar a Europa y a su vuelta implementaron nuevas formas de expresión.
En la década de 1960, el arte de América Central comenzó a ser conocido en los Estados Unidos por medio de varias exposiciones implementadas por la Esso Standard Oil (Feria Mundial de Nueva York, en 1964) y por la Corporación Xerox, a partir de 1969.

Fue de especial importancia, la promoción impulsada por José Gómez Sicre, Director del Departamento de Artes Visuales de la Unión Panamericana (actualmente Organización de Estados Americanos, OEA), en Washington DC. Considerado como el “inventor” del Arte Latinoamericano, recorrió todo el continente y organizó diversas exposiciones en Washington durante la década de 1960, y dedicó a Centroamérica una gran exhibición en el año 1966.

En la década de 1970, se opera un auge galerístico y se organizan las bienales centroamericanas, siendo de especial interés la Primera Bienal Centroamericana de Pintura, celebrada en San José, Costa Rica en el año 1971. Sobresalieron de manera especial pintores guatemaltecos y nicaragüenses.
En la década de 1980, debido a la repercusión de la guerra de baja intensidad y a causa de la inestabilidad social, se interrumpen las bienales del istmo pero, en la década de 1990, después de los acuerdos de paz, se va restablecer la comunicación perdida a causa de los conflictos bélicos.

Durante este período de postguerra, las bienales y certámenes cobran mayor apogeo. Continúan las de la Fundación Pàiz, en Guatemala; en Costa Rica, desaparece la Bienal de Pintura Lachner y Sáenz, pero se organiza Bienarte, en 1993, la que continua de forma ininterrumpida hasta el presente. En Panamá, se creó, la I Bienal de Pintura, en 1992 y en Nicaragua, se estableció la Fundación Ortiz-Gurdián la que, desde 1997, está auspiciando las bienales de arte nicaragüense. La presencia de jurados internacionales ha contribuido a una mayor visión crítica y a mostrar cuáles son las tendencias predominantes en el panorama universal.
En la década de 1990, se opera la restauración de las Bienales del Istmo Centroamericano, y se celebra, en Guatemala, la I Bienal de Pintura en 1998, y la segunda en Costa Rica, en el año 2000. A partir del año 2002, las Bienales del Istmo pasaron a ser Bienales de Artes Visuales, rompiendo con la tradición de ser dedicadas exclusivamente a la pintura.

En Costa Rica, con la apertura del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, en 1994, se organizaron las exposiciones Mesòtica Centroamericana I y II, en 1996 Y 1997. Mesòtica II incluyó a los cinco países que, durante la Colonia, formaron parte de la Capitanía General de Guatemala y, por esta razón, no participaron Panamá ni Belice. Esta exposición permitió que el arte se conociera internacionalmente, al exhibirse la muestra en varios países de Europa y Estados Unidos. Todos estos eventos, junto con el Simposio Centroamericano de Prácticas Artísticas, organizado en Costa Rica por Teor/ética en el año 2000, han contribuido a crear un foro cultural, a hallar las coincidencias, a compartir experiencias artísticas diversas y a fortalecer los distintos vínculos culturales partiendo de la diversidad.

Respecto a este intercambio cultural, la desaparición de las fronteras en el terreno del arte se está haciendo cada vez más evidente; por las exposiciones generadas por las bienales, las cuales han contribuido a visibilizar la producción artística de la región, incluso en el nivel internacional. En la 49 Bienal de Venecia del 2001, Centroamérica tuvo una notable presencia como resultado de la visita que realizó Harald Szeeman, (curador de la 49 edición), a Costa Rica, en noviembre del año 2000.

Es “factor común” en Centroamérica que, en casi todas las manifestaciones artísticas y culturales de las dos últimas décadas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI (1980-2003), se presente una crítica social a la par de las propuestas estéticas y un rechazo al estereotipo homogenizador del indigenismo, lo primitivo, lo telúrico y lo fantástico como categorías definidoras de identidad cultural.

Dentro del contexto postmoderno, uno de los aspectos más abordados es el de la globalización. Para Gerardo Mosquera, “la globalización, además, implica movimiento, y este movimiento lo ubica en los continuos desplazamientos ocasionados por las constantes migraciones,debidas a causas políticas y económicas”. Esto ha contribuido a transgredir fronteras y descentralizando la cultura, contribuyendo a eliminar el antagonismo; para realizar un intercambio de aportes.

Las manifestaciones artísticas que se dan en el ámbito de la postmodernidad, dentro de las dos últimas décadas del pasado milenio, están marcadas tanto por la transculturación como por una serie de cambios estéticos que influyen en la valoración de la obra de arte. La apropiación, la repetición, la resignificación y la mezcla de formas y estilos, cambian los valores perceptuales; un trabajo artístico se puede hacer con cualquier tipo de material que se estime conveniente y “estamos viviendo en una época donde cualquier cosa puede ser una obra de arte”.

El auge de la mujer dentro del mundo artístico, especialmente en los años noventa, proporciona una distinta manera de ver y comprender el arte. Esta visión influye en todo el continente americano y también, en América Central.
También, a partir de los años ochenta se llevaron a cabo diferentes estudios sobre las relaciones del poder y su influencia en la interpretación de la obra de arte. A través de la estructuración del poder patriarcal, se ejerció un control sobre la mujer, excluyéndola del discurso dominante y de la producción artística. Hasta hace poco tiempo, la historia del arte sólo era escrita por hombres. En el caso de Centroamérica, asistimos a la desterritorializaciòn del poder patriarcal en lo que al arte respecta, teniendo la mujer un papel fundamental como sujeto creador de una auténtica vanguardia artística.

La heterogeneidad cultural, está presente en las últimas tendencias del arte centroamericano. Pese a la ausencia de un apoyo institucional por parte del Estado, característica común en toda Centroamérica, a la falta de museos en la mayoría de los países (a excepción de Costa Rica que tiene la mejor infraestructura), la producción artística ha surgido de la iniciativa individual de cada creador, del apoyo de la empresa privada y de los organismos no gubernamentales, así como de la formación de grupos independientes, ante la ausencia de un programa nacional encaminado a difundir el arte y la cultura. Mónica Kupfer subraya, “pese al cúmulo de dificultades, a lo largo de las últimas décadas y en los años noventa, los artistas centroamericanos más importantes han interpretado la dura realidad de la región y la han criticado en sus obras figurativas y abstractas sirviéndose de instrumentos como el realismo, el simbolismo, la fantasía y el humor”.

En la última década del siglo XX, el arte centroamericano ha estado vinculado a formas de expresión no tradicionales como las instalaciones, las artes performativas, el arte conceptual, el video art, los assembloges…sin abandonar el dibujo, la pintura, el grabado y la escultura. Al mismo tiempo, han abrazado la fotografía como una de las artes visuales más importantes, ya sea documental, manipulada o en fotomontajes pero siempre como arte.
Aunque la mayoría de estos siete países coinciden en el desarrollo de su historia, su sociedad, su política, su dependencia e independencia; cada uno de ellos presenta múltiples particularidades.

Raul Canessa


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