Monumentos funerarios de los egipcios

Las Mastabas

Las Mastabas son grandes sillares de piedras (piedras que se colocan una sobre otra), son sepulturas de poderosos. Exteriormente presentan la forma de una pirámide truncada de base rectangular. Esta forma parece derivarse de los montones de piedras o tierra que cubrían las sepulturas primitivas. Su aspecto exterior produce impresión de reposo e inmutabilidad, muy de acuerdo con la mística de sus creencias, gracias a la prolongada línea horizontal de su techo que se apoya sobre los cuatro paramentos, inclinados unos 75 grados. Generalmente sus caras están orientadas hacia los puntos cardinales, aunque sin gran precisión. La puerta de entrada está casi siempre al oriente, de cara al sol naciente, como evidente simbolismo de su esperanza en una vida nueva.

Partes de la Mastaba

Construidas como vivienda para el espíritu del difunto, su interior se divide en tres compartimientos, los cuales suelen hallarse por debajo del nivel del suelo:




  • Cámara de las ofrendas: de fácil acceso; es una especie de capilla fúnebre en la cual depositaban ofrendas y alimentos.
  • El “serdab” o cámara interior: escondida en la masa de la mastaba. Contenía frecuentemente los “Ka” o representaciones del difunto: estatua, busto o pinturas murales; con escenas de diferentes actividades.
  • La cámara fúnebre propiamente dicha: Era subterránea; se llegaba a ella por un corredor inclinado o por un pozo. Guardaba el sarcófago contentivo de la momia.

Realizado el sepelio cegaban el corredor o el pozo de acceso, incomunicándolo así del mundo de los vivos.

Una de las más notables, por su fastuosidad, es la de Ti (Thi); data de la V dinastía.


Mastaba de Ti y  Mural en la cámara de las ofrendas


El “serdab” o cámara interior.


Escenas de diferentes actividades en el “serdab”.


Corredor inclinado. Pozo de acceso.
Cámara fúnebre de Sennedjem.



Las Pirámides

Contadas entre los monumentos más antiguos, conservan eternamente fresco su prestigio monumental y son la expresión más grandiosa del culto a los muertos.

Fueron erigidas por los faraones como fortaleza real de sus cuerpos momificados, con el afán de procurarse una tranquilidad inviolable y de perpetuar su memoria.

Las pirámides son el desarrollo monumental de la mastaba.

Ejemplares bastante numerosos nos muestran el paso lento de la forma de la pirámide truncada a la pirámide completa.

Los lados de las primitivas son escalonados. Poco a poco estos escalones se van empequeñeciendo y terminan por desaparecer, dando paso a la forma geométrica perfecta.

Exteriormente, de artístico no tienen nada si no es la honda impresión de majestad causada por su sola masa.

Estudios relativamente recientes de las principales pirámides nos revelan detalles muy interesantes que ponen al descubierto un mundo insospechado de ciencia astronómica y matemática; valga este pormenor: La altura de estas pirámides es igual al radio de una circunferencia cuyo perímetro es igual al de su base cuadrada. 

Partes de la Pirámide

En el interior de la pirámide se pueden distinguir las siguientes partes:

  • Cámara del sarcófago. Más o menos en el centro de la pirámide. Aquí reposaba el doble o representación del difunto faraón.
  • Cámara de la reina. Se comunica con la anterior por un pasillo rampante.
  • Entrada verdadera. Bajo el nivel del suelo. Estaba cegada y oculta bajo las lajas de revestimiento de granito, y, en ocasiones, de mármol.
  • Pasillos de ventilación. Atraviesan la masa de la pirámide y desembocan al exterior.
  • Departamentos funerarios. Guardaban alimentos, utensilios y armas del difunto.
  • Cámara de la Momia. Subterránea, muy por debajo de la planta de la pirámide. Suele estar precedida de la cámara del tesoro.
  • Cámara del tesoro real.
  • Pozo. Solía contener agua para las ceremonias.
Tercer y último sarcófago de oro macizo, con la momia de Tutankamón.


La antecámara, antes y después de abrir la pared de la cámara sepulcral.




 

Además existen toda una teoría de entradas y salidas, corredores, pasadizos y cámaras vacías, cuya finalidad no es otra sino confundir a los violadores de tumbas.

Casi siempre en las cercanías de las pirámides, existieron construcciones destinadas al desarrollo de ceremonias fúnebres y ofrendas a la memoria del difunto.

Principales Pirámides

Una de las más antiguas es la pirámide escalonada de Sakkarah.

Data de la III dinastía. La construyó el arquitecto Imhotep (primero en usar la piedra tallada) para el faraón Djoser. Es de base rectangular y está formada por seis mastabas superpuestas que dan lugar a seis planos escalonados. Sería la transición hacia la pirámide de caras planas.

Viene en seguida la pirámide apuntada de Dashur, construida por el primer soberano de la IV dinastía. Es de perfiles continuos.

Este tipo de monumento alcanzó sus mayores proporciones con los tres grandes emperadores de la IV dinastía: Keops, Kefrén y Mikerinos.

A los pies de las pirámides se alinean las mastabas y pequeñas pirámides de los nobles y poderosos, formando calles regulares.

ARQUITECTURA RELIGIOSA

Esta sí que nos ha legado numerosas e imponentes ruinas. La arquitectura religiosa es “mayestática” y “misteriosa”.

Es una soberbia arquitectura de “masas” cuyas principales manifestaciones son los templos, verdaderas supermastabas que testimonian el inmenso poderío alcanzado por los Faraones.

El templo egipcio en un principio no tiene nada que ver con los de otras culturas, ya que no es un templo destinado a sacrificios cruentos; ni es un lugar para rezar, ni es un lugar abierto para todos. El templo es un lugar para la divinidad y por lo tanto se puede considerar como “el gran palacio” de la divinidad.

El faraón, los sacerdotes y algunos status de la sociedad son los únicos que tienen acceso a él y generalmente de manera restringida.

LOS TEMPLOS

Esta arquitectura evolucionó en forma más tardía que la funeraria.

En sus inicios, los templos fueron pequeños y como dependencias de las pirámides. Ejemplo: el de Kafra en Gizeh.

Con el advenimiento del Imperio Tebano, la grandeza artística se traslada de las tumbas a los templos y palacios.

De entonces son los maravillosos templos de Karnak y Luksor, (reconstrucción), cuyas ruinas son admiración del mundo.




Templo de Karnak. Templo de Luksor.

Partes del Templo

Conforme a las posibilidades del terreno escogido (grandes espacios en las llanuras del Bajo Nilo; extensiones reducidas en las gargantas del Alto Nilo) presentan varias partes, más o menos las mismas siempre, en variadas disposiciones:

• El Dromos.

• Los Obeliscos.

• El Pilono.

• La Sala Hípetra.

• La Sala Hipóstila.

• La Cámara de la Divinidad (naos).

• La Cámara del Tesoro.

• Habitaciones sacerdotales y frecuentemente de la guarnición.






Partes del templo



El Dromos: Al templo se llega por una avenida enlosada, larga y majestuosa, exornada con dos hileras de esfinges monumentales. El dromos que conduce de Luksor a Karnack tenía dos kilómetros de longitud y más de mil esfinges.




El Dromos del templo de Luksor.

Los Obeliscos: son dos elevados monolitos, revestidos de jeroglíficos (inscripciones) que cuentan la historia del faraón.



 

Obelisco del templo de Luksor.

El Pilono o portal de entrada. Verdaderamente monumental dentro de su sencillez. Consta de una puerta rectangular flanqueada por dos torres o macizos imponentes.

Sobre el dintel están esculpidos los atributos de la divinidad solar y de la serpiente divina. Dos colosos a ambos lados de la puerta, parecen vigilar el acceso al templo; un par de mástiles, introducidos en ranuras especiales practicadas en las torres, eran adornadas con gallardetes los días solemnes.

Las dos torres del pilono están construidas unas veces con grandes Piedras sillares y otras con lajas superpuestas de canto, (inclinadas hacia adentro y decreciendo hacia lo alto) rematadas por una cornisa. El interior está relleno de tierra o arena.

En los dos casos las superficies exteriores están pulimentadas y llenas de bajorrelieves que forman una decoración grandiosa.



 

El Pilono del templo de Luksor. Coloso de Ramsés II. Templo de Luksor.


La Sala Hípetra estaba a continuación del pilono. Más que sala es un patio a cielo abierto con galerías formando un pórtico. Hasta aquí podían entrar los fieles ordinarios y tomar parte en las procesiones en las que llevaban las imágenes sagradas.





Recreación de una sala Hípetra.



La Sala Hipóstila es la pieza principal del templo y por lo mismo la de mayor esplendor. Su aspecto era grandioso, debido a sus monumentales proporciones y al considerable número de columnas que formaban una verdadera selva. Esta profusión obedece a la construcción arquitrabada de su techo. La luz sólo penetra por pequeñas ventanas practicadas en la parte central del techo.


Sala Hipóstila.

La Cámara del Idolo o dios, es de techo bajo. La oscuridad es casi absoluta. El conjunto del templo egipcio se encamina a inspirar, más bien terror que confianza, en el creyente (arquitectura dramática).

Las habitaciones de los sacerdotes y de una guarnición, juntamente con la de los tesoros, completan muchas veces el conjunto del templo.

En los templos del Bajo Nilo encontramos estanques sagrados donde se llevaban a cabo funciones náuticas en honor de la divinidad.

Todavía emocionan por su grandeza y esplendor, las ruinas de los templos de Karnack y Luksor, de Doir-el-Karhi, el mandado levantar por la reina Hatshepsut, etc.




Estanque sagrado en el templo de Luksor.



Características de los Templos

  • Eran inmensas y sólidas construcciones. 
  • Los “muros” son extraordinariamente gruesos; de caliza o de arenisca y, a veces de “sienita” (roca de color rojizo susceptible de pulimento). Algunas veces estaban revestidos de alabastro.
  • Las paredes fueron “libro” donde se grababa (jeroglíficos y bajorrelieves) la historia de la “vida y hechos” del faraón constructor.
  • Predomina la horizontal. El conjunto produce la sensación de pesadez, acentuada por el hecho de ir perdiendo altura las diferentes secciones del edificio. 
  • El elemento funcional es la columna, muy abundante, porque el techo es siempre horizontal, formado por largas y angostas lajas.


LOS SPEOS

Es otro tipo de templo egipcio excavado en la roca. Esta particularidad obedece al hecho de que el Valle de los Reyes (Nubia) donde se construyeron, es tan estrecho que descarta la posibilidad de una construcción normal. Por eso están tallados interiormente en la roca.

Los elementos arquitectónicos figuran aunque no sean necesarios: columnas y dinteles arquitrabados, como en los templos al aire libre. El interior consta de las mismas partes que los templos: sala hipóstila, santuario, almacenes y dependencias. Pero carece de pilones y patio. La fachada es sencilla: un plano muy inclinado tallado en la roca.

Una pequeña puerta da acceso a la sala hipóstila. Las grandes esculturas del faraón, los colosos, están esculpidos en la misma roca. Algunos relieves completan la decoración de la fachada. Los speos más famosos son los que mandó construir Ramsés II en Abbu-Simbel (Nubia). En su fachada ostenta colosos de 22 metros de altura.



Templo de Ramsés II.



Debido a la construcción de la presa de Asuán para crear el lago Nasser y el consecuente aumento del nivel del Nilo fue necesario reubicar varios templos, incluidos estos, que se hallaban a la orilla del río. Un importante equipo internacional se encargó de partir en grandes bloques y volver a montar en un lugar seguro todo el templo.

En 1959 se inicio una campaña internacional de recogida de fondos para salvar los monumentos de Nubia, ya que algunos de ellos estaban en peligro de desaparecer bajo el agua.

El salvamento de los templos de Abu Simbel se inicio en 1964 y costó la suma de 36 millones de dólares. Entre 1964 y 1968, los templos se desmantelaron para volver a ser reconstruidos en una zona próxima, 65 metros más alta y unos 200 metros más alejada.

A pesar de todo este proyecto, el templo sigue deteriorándose dada la erosión causada por la filtración de las aguas del lago Nasser.



LOS HEMIESPEOS

Es otra modalidad del mismo tipo de santuario. Tienen una parte construida normalmente en el exterior (terrazas unidas por rampas y escalinatas, con pórticos) y se completan excavando cámaras y capillas en la roca del acantilado.

El mejor ejemplo es el templo funerario de Mentuhotep II en Deir-el-Bahari, Tebas, XI dinastía.




Templo de la reina Hatshepsut. Complejo funerario en Deir-el-Bahari, Tebas.


LOS HIPOGEOS

Son tumbas- templos excavados en los acantilados rocosos del Alto Nilo. Se construyeron en la época tebana. Estos monumentos suelen estar en grupos; y, a veces, se distribuyen en diversos pisos. El hipogeo reproduce las partes de la mastaba.

La entrada equivale a una fachada desbastada en la superficie caliza de los farallones; suele adoptar la forma de un pórtico con columnas esculpidas en la misma roca. Las puertas son muy sencillas, un simple orificio cuadrangular o trapezoidal. Sobre las fachadas solía colocarse una sencilla inscripción.

A continuación se encuentran la capilla y la cámara sepulcral. El techo de la cámara suele ser plano o ligeramente abovedado. En ocasiones se refuerza con varias columnas talladas en la roca viva. La figura del difunto se esculpía directamente en la roca de la capilla. Las paredes se decoraban con escenas del cortejo, ofrendas y pasos de la vida cotidiana del difunto (laboreo de los campos, ganados pastando, etc.).

La cámara fúnebre donde se conservaba la momia, estaba bajo el piso del hipogeo, ante la puerta o en un rincón de la capilla. Se llegaba a ella por medio de un pozo. Otras veces, cuando había varios hipogeos superpuestos, se taladraba un corredor que podía llegar a medir 40 metros, y en su extremo se abría el pozo. La cámara fúnebre, pequeña y sencilla, se cubría con textos funerarios tomados del Libro de los Muertos.

Los hipogeos más importantes datan del tiempo feudal, cuando poderosas familias gobernaron los nomos como verdaderas dinastías reales. El “Valle de los Reyes” encierra un maravilloso conjunto de hipogeos (Beni-Hassan).

Durante el Imperio Nuevo recurrieron a disposiciones laberínticas, con recodos violentos, cámaras y corredores que se iban complicando y multiplicando.

Idea de este aspecto monumental nos la da la planta del hipogeo mayor de Abú-Simbel, de la XIX dinastía.


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